sábado, 22 de enero de 2011

Lenin Burgos y Cachi Cassinelli

Lenin  salía del salón preguntándose si ella lo había mirado, me lo preguntó a quemarropa, yo que todavía seguía aplicando lo que los teacher del ICPNA nos enseñaban, a pensar en inglés, of course pensé decirle, pero cambié rápidamente de decisión y le contesté que por supuesto; en aquella clase, ubicada en el 3er piso del edificio que aún hoy alberga a jóvenes con el entusiasmo de aprender inglés, pero con mayor entusiasmo de encontrar a la chica de sus sueños; que ella no lo había dejado de mirar ni un momento, escuchándolo absorta cada palabra de su buen pronunciamiento del inglés norteamericano, además agregué, que ella, en esa clásica disposición del ICPNA, de ordenarnos sentados en las carpetas ubicándonos formando una herradura, para que el grupo pueda interactuar, la bella chica únicamente había interactuado con él, sentencié.
Ella, la chica más linda del salón, y del 3er piso de ese mítico edificio, con su cerquillo maravilloso, y sus grandes ojos color caramelo, eran la dulzura de las tardes de otoño de aquel 86. Lenin abigarrado de amor quinceañero, pavoneando su primer puesto de toda la promoción del colegio Claretiano, no perdía la ocasión  de acercarse a aquella chica del colegio La Inmaculada, que vivía y moraba en la Urb. San Andrés, y le contara, respirando su inocencia, que él estudiaba poco, vivía mucho y que le gustaba hablar con ella, de repente si ella lo quisiese las 24 horas del día.
En el recreo se los veía juntos, siempre amigos, Cachi, segundo puesto de la promoción, y Lenin, como ya lo habíamos contado, primero, con la cinta ambos en el hombro de brigadieres generales. Conversaban del curso ultra acelerado de física que llevaban y de las últimas fórmulas trigonométricas que habían aprendido.
Algo más los unía, aparte de competir  académicamente, aparte de compartir miles de horas de intercambio de informaciones, aparte de escribir para una Gaceta Claretiana, los unía, como siempre pasa en la vida y  en las novelas de Televisa, el amor por una chiquilla de cerquillo maravilloso y ojos color caramelo, que estudiaba inglés en el IPCNA, que los había embrujado, y como siameses en ese largo devenir de competencias, habían sumado una más, no sé si es aceptable la palabra competencia, en los casos del corazón, pero la llamaremos una hermosa competencia.
Sólo les diré que aquella Gaceta Claretiana, guarda celosamente en la sección del corazón, en la línea tercera de la pagina 10, la respuesta a aquella sana competencia.
(MAGO)

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